De la herida a la gratitud: sanar la relación con mi madre
Quiero empezar con dos frases que me inspiran y describen el motivo de mi texto, mi propio proceso de sanar la relación con mi madre.
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Thich Nhat Hanh: (Padre del Mindfulness moderno)
«Cuando miras profundamente a tu madre, ves en ti mismo su continuación. Estar en paz con ella es estar en paz contigo mismo.» -
Bert Hellinger (Constelaciones Familiares):
«La reconciliación con los padres nos abre las puertas a la vida.»
Introducción
A veces, las mayores lecciones de vida llegan de la mano de nuestros padres, incluso en medio de la dificultad. Este es un relato íntimo sobre mi madre: sobre lo que me dio, lo que me faltó, lo que me dolió y, finalmente, lo que aprendí a agradecer.
Un recuerdo que me marcó
De niña observaba a mi madre barrer cada mañana su trozo de acera. Aunque el viento volviera a ensuciar la calle en un rato, ella nunca protestaba ni miraba lo que hacían los demás. Se limitaba a cumplir con sus rutinas, su orden y constancia.
A mí me parecía inútil, incluso rígido y excesivo.. parecía que la tarea era su única prioridad. Con el tiempo entendí y aprendí a valorar su comportamiento.
Una sabiduría enraizada
Mi madre apenas había ido a la escuela, pero tenía una sabiduría práctica, enraizada en la tierra. Firme, disciplinada, resiliente, fue capaz de sostener a la familia en momentos difíciles.
Recuerdo cómo, tras una mala racha, acudió al cementerio a pedir perdón y ayuda a sus ancestros. Volvió sonriente, y yo asombrada pensé:
“Esto es casi como una constelación familiar en la vida real.”
Ese día aprendí a mirarla de otro modo.
Del duelo al florecer
La vida le puso pruebas duras. Cuando enviudó, lejos de apagarse, floreció. Se independizó, trabajó, hizo reformas importantes en su casa, alquiló habitaciones a estudiantes de todo el mundo y cultivó nuevas amistades.
Sin saber idiomas, se entendía con todos. La vimos disfrutar y reinventarse, regalándonos una lección de vida equilibrada.
La herida y el camino de reconciliación
Hoy hablo de mi madre emocionada, con amor, reconociendo todo lo que me dio y me enseñó solo con su manera de ser, de estar y de hacer.
Claro que hubo cosas que no me gustaron. Durante muchos años, estuve enojada con ella y no supe cómo gestionar ese dolor. A veces me invadía la rabia, otras el vacío, y me costaba aceptar que detrás de su carácter frío y fuerte había también una mujer vulnerable con sus propias limitaciones.
Gracias a mi propio proceso de crecimiento personal —la terapia Gestalt, las constelaciones, el trabajo con la niña herida y la espiritualidad— he podido mirar más allá de la relación difícil y ver su dimensión completa, su profundidad, su alma… incluso intuir el posible pacto que ambas acordamos para ayudarnos mutuamente a crecer.
Poco a poco fui ablandando mi corazón, y aprendí a reconciliarme con nuestra historia y agradecer la VIDA -en mayúsculas- que me dio.
El espejo de su legado
Puedo reconocerme mucho en ella. También yo, después de mis papeles de esposa y madre, inicio un nuevo episodio vital.
Y no lo digo desde un lugar perfecto: aún hay momentos en los que me descubro repitiendo patrones suyos, o reclamando el cariño que me faltó, porque esto es un proceso que dura toda la vida…
Pero incluso en esas contradicciones siento que ella sigue acompañándome, dándome permiso e invitándome a florecer a mi manera.
Escribir sobre ella es honrarla, agradecerle y darle un lugar especial en mi camino y en mi proyecto profesional.
La llave a la abundancia: sanar la relación con mi madre
Ahora, al mirar su foto y recordarla, siento como mi corazón se expande inundado de una mezcla de gratitud, amor y una paz difícil de describir.
Qué sano es reconciliarnos con nuestros padres, cerrar heridas y abrir el corazón. Creo firmemente que solo desde el amor podemos fluir con la vida y abrirnos a la abundancia, la magia y la transformación.
¿Quieres reconciliarte con tu historia y estar en paz con tus padres?
Si al leer esto sientes que tu relación con tu madre o tu padre todavía duele, que hay algo pendiente de sanar, te invito a no posponerlo más. Te animo a ser valiente.
Atender ese vínculo es un regalo para ti y para las generaciones que vienen.
Estoy a tu disposición para acompañarte en ese proceso, que yo misma transité.
Con cariño,
Assumpta Canals
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