Impacto emocional de un embarazo no planificado en la madre y el hijo.

Nacer sin ser esperado una mirada terapéutica sanadora y amorosa

Escrito por Assumpta Canals

26 de octubre de 2025

La historia de Eva y Ana 

Cuando la vida llega antes que el deseo: comprender y sanar las huellas del embarazo no deseado.

La hija.
Eva tiene 17 años. Es una adolescente llena de vida, rebeldía, incertidumbres y también de sueños y deseos de libertad. 
A veces se siente fuera de lugar, insegura, con una sensación de no merecer demasiado, de no sentirse vista. 
Y ante el primer chico que la desea, se entrega sin “salvavidas”, buscando llenar un vacío que ni ella sabe nombrar: la falta de amor propio, el anhelo de sentirse elegida.

La madre. 
Ana tenía 22 años cuando supo que estaba embarazada.
La noticia no la llenó de alegría, sino de miedo. Su relación con él era frágil; apenas se conocían. Cuando él desapareció, todo se vino abajo.
Rota por el abandono y con miedo al futuro, decidió seguir adelante. Durante semanas caminó con la sensación de estar habitada por algo que no había elegido.
Se sintió señalada, avergonzada, sola.
A veces culpable por no experimentar la alegría que “se supone” debía sentir.

Su hija nació sana. Ana la amó desde el primer instante y se dedicó por completo a cuidarla.
Pero entre ellas había un silencio sutil, algo no mirado del todo, como un fragmento del alma congelado en algún lugar…

Lo que ocurre dentro

Para la hija, Eva:

  • Incluso sin palabras, Eva —la bebé— percibe las emociones. No entiende las palabras, pero sí siente el tono, la tensión o la calma del entorno. Su cuerpo aprende a adaptarse para sobrevivir.

  • Ya de adulta, puede experimentar sensaciones de no pertenecer, miedo al abandono o necesidad de demostrar su valor.

  • Eva busca su lugar donde ser vista y amada tal como es.

  • Necesita saber que eso que le sucedió no es una condena, sino una herida que puede transformarse con conciencia y amor.

Para la madre, Ana, la vivencia fue intensa:

  • El shock de descubrir el embarazo.

  • El miedo, la soledad, la sensación de no estar a la altura.

  • El duelo por la pareja perdida y la traición sentida.

  • La vergüenza y el silencio por miedo a ser juzgada.

  • La culpa, la ambivalencia, y a menudo la reactivación de su propia herida infantil con su propia familia de origen.

  • Una mirada inconsciente hostíl hacia su hija como el producto de aquello que cambió su vida radicalmente, que quizás arrasó con sus propias aspiraciones de felicidad y libertad.
  • Y el abandono por parte de la sociedad, por no seguir la “normalidad” esperada de una mujer como ella.

Del relato a la mirada terapéutica

Esta es una historia ficticia… pero profundamente real.
A lo largo de mi práctica como terapeuta, he acompañado relatos parecidos.
No siempre se trata de rechazo consciente, sino de emociones que no pudieron ser nombradas.
A veces el cuerpo dice “sí”, mientras el alma aún no está lista.
Esa tensión queda grabada: en la madre, en el padre, en el hijo… y en el espacio entre ellos.

Vivimos en una sociedad que, muchas veces, abandona los verdaderos afectos humanos: el cuidado de las emociones, el respeto, la mirada inclusiva hacia lo diferente.

Recursos que dan perspectiva a la realidad

  • Recomiento mucho la lectura del libro «El mito de la normalidad: los traumas, las enfermedades y las curaciones en una cultura tóxica» de  Gabor Maté, una fuente de claridad e inspiración para mi. Él sostiene:

“Esta sociedad promueve valores que son en sí mismos traumatizantes para muchas personas.”

Para éste tema en concreto, Maté añade que la mecanización del nacimiento, la falta de apoyo social a las madres y padres, y la presión del capitalismo han contribuido al abandono emocional, al aumento de las adicciones y a la creciente soledad y sufrimiento psicológico. Entrevista a Gabor Maté: El mito de la normalidad (Democracy Now!)

 

  • También sugiero buscar información que nos ilustre sobre la realidad y la magnitud de las cifras. Lamentablemente la história de Ana no es la excepción de la regla. Estudios internacionales estiman que casi la mitad de los embarazos en el mundo no son planificados. (Ver artículo UNFPA, 2025)

Esto no significa que los hijos no sean amados, sino que la vivencia emocional de ese inicio puede dejar una huella profunda en el sistema familiar, y es bueno darse cuenta si eso es un obstáculo en tu vida actual.

 

  • Desde la mirada de las Constelaciones Familiares, cuando un hijo llega sin ser esperado puede quedar “fuera de lugar” simbólicamente en el sistema, hasta que alguien lo reconoce y le da su sitio.
    Ese reconocimiento —mirar lo que fue, sin juzgar— es ya un movimiento de sanación.

“Cada miembro del sistema tiene derecho a pertenecer, incluso aquel que llegó antes de tiempo, o sin haber sido esperado.”
(Inspirado en Bert Hellinger)

Lo que la terapia puede ofrecer

  • Un espacio seguro para mirarte sin culpa ni reproche.

  • Explorar cómo esta historia puede estar afectando tu vida actual, tus relaciones o tu manera de amar.

  • Dar lugar a emociones congeladas: tristeza, miedo, rabia, amor.

  • Desde la Terapia Gestalt, trabajar el darse cuenta, la presencia y el contacto con el cuerpo y la emoción.

  • Desde las Constelaciones Familiares, permitir que madre e hijo puedan reconciliarse con su historia, honrando lo que fue.

En este proceso no buscamos culpables, sino conciencia y reconciliación.
Lo que no se pudo amar entonces, puede ser mirado ahora con ternura.

Cierre – Mirar con ternura

Personalmente, experimento con mis propios hijos que cuanto más trabajo mi historia y mis heridas, más libres quedan ellos.
Les dejo espacio para ser, sin cargar con lo mío.
La relación se vuelve más auténtica, más ligera, más amorosa.

Invito a todos los que somos padres a mirar nuestros asuntos pendientes, no para culparnos, sino para liberar.
Cuando sanamos nuestras propias raíces, nuestros hijos pueden crecer hacia la vida con más fuerza y libertad.

Sanar no es cambiar el pasado, sino poder mirarlo con ternura.

Cada vida —incluso la que llegó de forma inesperada, en medio del miedo— tiene derecho a ser mirada con amor.
Y cuando eso ocurre, algo profundo se acomoda.
Como si la historia, al fin, respirara.

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